miércoles, 30 de marzo de 2011

Trabajo autónomo semana 7

1. Texto Narrativo

Era un hermoso dìa de octubre, el sol brillaba como nunca, Isabella caminaba por las calles aledañas a su casa,regresaba de su trabajo; se encontrò con un amigo de toda la vida, de esos que aunque dejes de ver por mucho tiempo, te los encuentras y pareciera que los hubieras visto ayer; hablaron, rieron, se despidiò de èl y llegò a su casa, su hermano se encontraba allì con una amiga, de ojos expresivos, intensos y con cabello risado, Isabella la observò, su hermano se la presentò, la mirò y sintiò algo que nunca habia sentido hacia otra mujer: atracciòn. Ella se asustò tanto, que corriò a su habitaciòn, confundida y atemorizada, pensò: pero...que me pasa???, porque me parece tan linda Sara, asì se llamaba la amiga de su hermano, no era algo normal, ademàs porque Isabella tenìa novio, Camilo, con el cual llevaba alrededor de un año y con el cual las cosas parecìan funcionar bien.

Asì paso una semana, Isabella habia olvidado un poco lo sucedido anteriormente, un dìa desperto y realizò sus actividades de costumbre, parecìa ser un dìa normal, pero al regresar a su casa, cuando llegaba al parque por el que siempre tenìa que pasar, tropezò con una mujer, al subir su mirada para ver quien era, se estremeciò, se puso nerviosa y se sorprendiò, era Sara, venìa de su casa de visitar a su hermano, la saludò y sintiò un gusto enorme al sentir su mejilla contra la de ella en un leve beso; hablaron como si se conocieran de toda la vida, se contaron sus historias e Isabella de repente en una mirada fija con Sara no lo pudo evitar y la beso, espontàneamente, sintio como si de repente estuviera totalmente enamorada de aquella chica y se lo confesò; Sara denoto su sorpresa en su cara, pero aun mas sorpresiva fue su respuesta: a mi tambièn me gustas, desde que te vi, tu hermano se ha convertido en mi mejor amigo, la verdad es que no me atraen los hombres. Pero en ese instante Sara se asusto, de nuevo, asì que sin mas dejo allì a Sara, despuès de esta confesiòn.

Isabella llegò a su casa, llorò, se molestò con ella misma, mil y una vez se preguntaba que habia ocurrido, que pasaba en su corazòn y sintiò que llegaba la respuesta, simplemente era amor, dificìl de aceptar de quien se habia enamorado, pero....finalmente uno decide eso???, pensò, el amor es hermoso y que importa de que persona sea???, es una persona no???, como cualquier otra.

Asì, que tomo el telèfono, llamò a Camilo, lo cito, se encontraron y decidiò contarle todo, Camilo se sorprendiò, tomò la mano de Isabella y le dijo: te comprendo y asì, como yo estoy enamorado de ti, te entiendo y quiero lo mejor para ti y si es lo que deseas hacer, hazlo, sè feliz.

Inmediatamente Isabella llamo a Sara, la cual no pudo evitar demostrar su felicidad, al escuchar sus palabras, se vieron, se abrazaron, se besaron, y desde ese dìa han sido inseparables y cada momento que pasa se enamoran mas y mas.


2. Texto Informativo

¿Madres tigre o madres elefante? (Artìculo de El Tiempo)

Por: PETER SINGER* | 7:51 p.m. | 29 de Marzo del 2011

MELBOURNE. Hace muchos años, mi esposa y yo nos dirigíamos hacia algún lugar con nuestras tres hijitas, cuando una de ellas preguntó: "¿Que prefieren: qué seamos inteligentes o que seamos felices?"

Me acordé de este momento el mes pasado cuando leí el artículo 'Por qué las madres chinas son superiores', de Amy Chua en el 'Wall Street Journal', que generó más de 4.000 comentarios en www.wsj.com y más de 100.000 comentarios en Facebook. El artículo promocionaba el libro de Chua, 'Battle Hymn of the Tiger Mother' ('Himno de batalla de la madre tigre'), que se convirtió en un éxito editorial al instante.

La tesis de Chua es que, cuando se los compara con sus pares norteamericanos, los chicos chinos tienden a ser más exitosos porque tienen "madres tigre", mientras que las madres occidentales son gatitos, o peor. A Sophie y Louise, las hijas de Chua, 'nunca' se les permitió mirar televisión, jugar juegos en la computadora, quedarse a dormir en la casa de alguna amiga o participar en una obra de teatro de la escuela. Tenían que pasar horas todos los días tocando el piano o el violín. Se esperaba que fueran las mejores alumnas en todas las materias excepto en gimnasia y en teatro.

Las madres chinas, según Chua, creen que los hijos, una vez que pasan los primeros años de vida, necesitan que les digan, en términos precisos, si no cumplieron con los niveles altos que sus padres esperan de ellos. (Chua dice conocer a madres coreanas, indias, jamaiquinas, irlandesas y ghanesas que son "chinas" en su enfoque, al igual que a algunas madres chinas étnicas que no lo son). Sus egos deben ser lo suficientemente fuertes como para soportarlo.

Pero Chua, profesora en la Facultad de Derecho de Yale (al igual que su marido), vive en una cultura en la que se considera que la autoestima de un chico es tan frágil que los equipos deportivos infantiles les dan el premio al "jugador más valioso" a todos los integrantes del equipo. Por eso no sorprende que muchos norteamericanos reaccionen con horror ante su estilo de crianza.

Un problema que se presenta al analizar la estrategia de criar a un hijo como una madre tigre es que no podemos separar su impacto del de los genes que los padres les transmiten a sus hijos. Si quiere que sus hijos sean los mejores de su clase, ayudaría si usted y su pareja tuvieran la inteligencia para convertirse en profesores de universidades de élite. No importa el esfuerzo que haga una madre tigre, no todos los alumnos pueden terminar primeros (excepto, claro, que dijéramos que todos son "los mejores de la clase").

La crianza de madre tigre apunta a que los chicos maximicen las habilidades que poseen, y por ende pareciera inclinarse por la parte "inteligente" de la opción "inteligente o feliz". También es esa la visión de Betty Ming Liu, que escribió en un blog en respuesta al artículo de Chua: "Los padres como Amy Chua son la razón por la cual los norteamericanos de origen asiático como yo hacemos terapia".

Stanley Sue, profesor de Psicología de la Universidad de California, Davis, ha estudiado el suicidio, que es particularmente común entre mujeres norteamericanas de origen asiático (en otros grupos étnicos, se suicidan más hombres que mujeres). El cree que la presión familiar es un factor importante.

Chua respondería que alcanzar un alto nivel de logros aporta una gran satisfacción y que la única manera de lograrlo es mediante el esfuerzo. Quizás, ¿pero no se puede alentar a los chicos a que hagan cosas porque intrínsecamente valen la pena, y no por temor a la desaprobación de los padres?

Coincido con Chua hasta este punto: negarse a decirle a un chico qué hacer puede llegar demasiado lejos. Una de mis hijas, que ahora tiene sus propios hijos, me cuenta historias asombrosas sobre los estilos de crianza de sus amigos. Uno de ellos le permitió a su hija dejar tres jardines de infantes distintos porque no quería ir. Otra pareja cree en el "aprendizaje autodirigido" hasta tal punto de que una noche se fueron a acostar a las 11 de la noche y dejaron a su hija de cinco años mirando su novena hora consecutiva de videos de Barbie.

La crianza de madre tigre puede parecer un contrapeso útil para semejante permisividad, pero ambos extremos dejan algo afuera. El enfoque de Chua es implacable en cuanto a las actividades solitarias en el hogar, sin ningún aliento de las actividades grupales, ni ninguna preocupación por los demás, ni en el colegio ni en la comunidad en general. Por lo tanto, parece pensar que las obras de teatro escolares son una pérdida de tiempo que se podría aprovechar mejor estudiando o tocando música.

Sin embargo, participar en una obra escolar implica contribuir al bien de la comunidad. Si los chicos talentosos se quedan afuera, la calidad de la producción se verá afectada, en detrimento de de los otros que forman parte (y de la audiencia que la verá). Y todos los chicos cuyos padres les prohíben participar en estas actividades pierden la oportunidad de desarrollar habilidades sociales que son igualmente importantes y gratificantes --y cuyo dominio resulta igualmente demandante-- que aquellas que monopolizan la atención de Chua.

Deberíamos apuntar a que nuestros hijos sean buenas personas, y que vivan vidas éticas que manifiesten preocupación por los demás así como por sí mismos. Este enfoque de crianza de los hijos está relacionado con la felicidad: existe abundante evidencia de que aquellos que son generosos y amables están más contentos con sus vidas que aquellos que no lo son. Pero también es un objetivo importante en sí mismo.

Los tigres viven vidas solitarias, excepto por las madres con sus cachorros. Nosotros, por el contrario, somos animales sociales. Como los elefantes, y las madres elefantes no se focalizan solamente en el bienestar de sus propias crías. Juntas, protegen y cuidan a todos los jóvenes de su manada, creando una especie de guardería infantil.

Si todos pensamos solamente en nuestros propios intereses vamos camino al desastre colectivo -sólo basta mirar lo que le estamos haciendo al clima de nuestro planeta-. Cuando se trata de criar a nuestros hijos, necesitamos menos tigres y más elefantes.

*Profesor de bioética en la Universidad de Princeton y profesor laureado en la Universidad de Melbourne. Su libro más reciente es The Life you Can Save.

Copyright: Project Syndicate, 2011.
www.project-syndicate.org


3. Texto Argumentativo

La educaciòn actualmente sufre un perìodo, de total permisiòn por parte de la autoridades, es decir, por parte de los padres y de las entidades educativas, ya que la generaciòn actual, viste como quiere, dice lo que piensa como lo piensa y actùa para ser reconocido en la sociedad que lo rodea.

Asì es como cada dìa surgen mas culturas urbanas que buscan solo una aceptaciòn, sin importar que deben hacer para lograrlo; pero estos jòvenes, van sin rumbo, solo viven y actùan como si no hubiera un mañana. Pero esto en realidad no es responsabilidad de los jovenes, sino de una ausencia de guìa fuerte, que les enseñe a vivir y no que los deje vivir como ellos crean mejor, no solo no se estan formando, sino que cada vez mas, deterioran la sociedad y asi mismos.

Los padres y las entidades educativas, deben estar a servicio de los niños y jòvenes en formaciòn y no al contrario, ahora no son los jòvenes quienes temen a los adultos, sino al contrario, preferimos dejarlos gritar y maltratarnos antes de reprenderlos y enseñarles lo que esta mal; no se trata de una educaciòn con abuso fisìco, se trata de una educaciòn de bases sòlidas, con enseñanzas fuertes.

Tal vez pensamos como adultos, que la educaciòn dada por nuestros padres y abuelos no fue la mejor; si bien debemos ajustarle ciertos modelos para aplicarlos a nuestros hijos, tambièn es cierto que de ellos aprendimos y que gracias a su enseñanza somos buenas personas.

Por ùltimo, no hay libros que nos enseñen a ser padres, pero cada uno con conciencia, debe formar un modelo, mezcla de padres, profesores y nosotros mismos, que les enseñe a nuestros niños y jovenes a vivir de la mejor manera, siempre aportando y construyendo una sociedad para su futuro.


G-21 Laura Marcela Quimbayo Gutierrez

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